Parque Dorado
La historia del Parque Dorado está íntimamente unida al crecimiento de Sama de Langreo durante los años de expansión minera e industrial. La canalización del río Nalón permitió recuperar para la ciudad unos terrenos que fueron rellenados, en parte, con estériles procedentes de las minas de Santa Ana. Sobre una superficie cercana a las cuatro hectáreas comenzó a tomar forma desde 1902 el nuevo parque, inaugurado en torno a 1905 y considerado uno de los primeros grandes parques públicos de Asturias. Su nombre recuerda al alcalde Antonio María Dorado, uno de los principales impulsores de la modernización urbana de Sama a finales del siglo XIX y comienzos del XX.
El trazado, vinculado al arquitecto Manuel del Busto, se organiza alrededor de un largo paseo arbolado paralelo al Nalón. Entre plátanos, cedros, acacias y otras especies aparecen jardines, estanques y diversos testimonios artísticos. Sobresale el elegante quiosco de música de 1906, junto al monumento dedicado al propio Antonio María Dorado y al conjunto dedicado en 1918 al ingeniero e industrial Luis Adaro y Magro, obra de Lorenzo Coullaut Valera, en el que destaca la figura alegórica de La Carbonera, una de las esculturas más reconocibles de Sama.
El Parque Dorado está incluido en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias, reconocimiento que confirma su interés como jardín histórico y espacio patrimonial. El propio Plan de Sostenibilidad Turística del Valle del Nalón lo identifica entre los jardines históricos de especial interés de la comarca.
Hoy continúa siendo uno de los principales espacios de encuentro y ocio de Sama. Comunicado con el paseo de Los Llerones al otro lado del Nalón, combina su carácter histórico con zonas deportivas, infantiles y de estancia. Durante 2025 y 2026 ha sido objeto de diferentes actuaciones de recuperación de jardines y arbolado, mejora del riego y de las instalaciones y renovación de espacios de uso público, reforzando su condición de gran pulmón verde de la localidad.
Más que un parque urbano, el Dorado permite leer más de un siglo de historia de Sama: un paisaje creado al lado del río en plena transformación industrial y convertido, generación tras generación, en uno de los lugares más queridos y reconocibles de la ciudad.