Túmulo de L’Españal

Túmulo de L’Españal

Dos comunidades neolíticas, separadas por casi mil años, eligieron este mismo lugar para honrar a sus muertos y preservar su memoria

El Túmulo de L’Españal permaneció oculto durante milenios bajo la vegetación de una ladera. Su descubrimiento en 2016 dio inicio a un proyecto arqueológico que permitió estudiarlo, restaurarlo y devolverlo al paisaje como uno de los elementos principales de la Ruta Dolménica L’Españal.

Su historia se desarrolló en dos momentos separados por varios siglos. Dos comunidades neolíticas diferentes escogieron el mismo lugar para enterrar a sus muertos. La segunda construcción no eliminó la anterior, sino que la respetó y transformó, creando un monumento en el que todavía pueden reconocerse las huellas de ambas.

La primera estructura

Hace aproximadamente 6.000 años, una comunidad abrió un claro en el bosque mediante la tala y pequeños fuegos controlados. Sobre el terreno preparó un pavimento de pequeñas piedras y levantó una coraza pétrea asentada sobre una potente capa de arcilla rojiza. En el centro construyó una cámara funeraria de unos cinco metros de diámetro.

Las dataciones por carbono 14 sitúan esta primera fase a comienzos del IV milenio a. C. Con este círculo de piedra, la comunidad creó un espacio funerario estable y visible, vinculado a su memoria, su identidad y su relación con el territorio.

La reforma dolménica

Cerca de mil años después, a comienzos del III milenio a. C., otro grupo regresó al mismo enclave. Allí construyó una nueva cámara dolménica formada por dos ortostatos de casi un metro de altura que sostenían una pesada cubierta de arenisca. En su interior se depositó un ajuar funerario relacionado con un nuevo ritual.

Para monumentalizar el conjunto, la nueva comunidad rodeó la estructura con un anillo perimetral de piedra y la amplió hasta alcanzar aproximadamente diez metros de diámetro. El espacio añadido fue rellenado con arcilla rojiza cuidadosamente tratada y compactada.

Una construcción adaptada a la montaña

La excavación de la mitad del túmulo permitió descubrir cómo fue construido. Entre las dos cámaras apareció un pequeño agujero de poste, que pudo tener una función ritual o servir como apoyo durante las obras. Otro agujero de mayores dimensiones, localizado al suroeste, parece estar relacionado con el proceso constructivo.

La pendiente de la ladera obligó a reforzar la estructura mediante una zanja de cimentación. Además, sus constructores instalaron dos canalizaciones transversales de piedra para desviar la escorrentía y proteger el espacio funerario. Los análisis del terreno confirman que el agua circuló por ellas, demostrando el conocimiento técnico de aquellas comunidades.

Herramientas que cuentan historias

Los materiales recuperados permiten asomarse a la vida cotidiana de quienes construyeron y utilizaron el túmulo. Entre ellos hay piezas elaboradas con sílex de Piloña y con sílex procedente del valle del Ebro, cuya presencia refleja desplazamientos o redes de intercambio a larga distancia.

Destaca una gran lámina de sílex cuidadosamente tallada, junto con una punta de proyectil, un trapecio geométrico y varias laminillas. También se encontraron cantos de cuarcita y cuarzoarenita utilizados como percutores, majadores y pulidores para triturar fibras y semillas, trabajar materiales blandos o fabricar otras herramientas.

El estudio de los restos vegetales muestra el aprovechamiento de ramas para encender el fuego, frutos silvestres de plantas de la familia de las rosáceas y semillas de cebada, gramíneas y llantén. Estos hallazgos reflejan un modo de vida en el que la agricultura y la ganadería convivían todavía con la caza y la recolección.

La presencia de objetos cotidianos dentro y alrededor del espacio funerario conecta el mundo de los vivos con el de los muertos. El Túmulo de L’Españal no es solo una tumba: es el testimonio de dos comunidades, de sus conocimientos técnicos y de una memoria construida con tierra y piedra.

Cómo llegar

El acceso se realiza desde Blimea por la carretera SM-7 hasta el núcleo de La Casilla, donde debe estacionarse el vehículo. Desde allí parte la Ruta Dolménica L’Españal, un itinerario señalizado de aproximadamente tres kilómetros por sentido, que debe hacerse a pie o en vehículo todoterreno.

La ruta está considerada de dificultad fácil para personas acostumbradas a caminar, aunque discurre por terreno de montaña. Se recomienda llevar calzado deportivo o de senderismo, agua y ropa adecuada para las condiciones meteorológicas. Durante la visita es necesario respetar la señalización, no subir sobre las estructuras arqueológicas y evitar tocar, marcar, humedecer o mover las piedras y los grabados