Barrio Urquijo

Barrio Urquijo

Uno de los mejores ejemplos de vivienda obrera ligada a la industrialización de Langreo y a la política social de Duro Felguera

El Barrio Urquijo constituye uno de los testimonios más interesantes del urbanismo obrero ligado a la industrialización de Langreo. Fue promovido por la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera y proyectado por el arquitecto Enrique Rodríguez Bustelo, dentro de las políticas de paternalismo industrial desarrolladas por las grandes empresas para alojar y atender a su población trabajadora.

El conjunto fue levantado entre 1916 y 1918 sobre el solar que había ocupado la antigua Fábrica de la Vega, primer emplazamiento fabril de la empresa, situado entre la carretera carbonera y la vía del Ferrocarril de Langreo.

Su importancia radica también en que fue el primer conjunto de viviendas obreras de Langreo en cuyo diseño participó un arquitecto y el primero en disponer de agua potable en el interior de las casas, una mejora decisiva para las condiciones de habitabilidad de las familias trabajadoras de comienzos del siglo XX.

El proyecto contemplaba nueve pabellones de viviendas y una iglesia, hoy desaparecida, situada originalmente en una de las esquinas del barrio. Los edificios respondían al proyecto elaborado por Bustelo en junio de 1916, aunque presentaban distintas alturas, de dos, tres y cuatro plantas.

Las viviendas fueron concebidas con unas condiciones notablemente avanzadas para su tiempo. Disponían de tres dormitorios, comedor, cocina, aseo y despensa, reflejando una nueva preocupación por mejorar y dignificar la denominada habitación proletaria.

Décadas más tarde, durante la dictadura franquista, se construyó junto al conjunto original un nuevo Barrio Urquijo, siguiendo un proyecto de líneas racionalistas redactado en 1946 por los arquitectos Francisco y Federico Somolinos. Esta ampliación se levantó precisamente en el espacio donde anteriormente se encontraban los depósitos que abastecían de agua tanto al barrio como a la fábrica.

El Barrio Urquijo permite así comprender otra dimensión de la industrialización: no solo las fábricas y los altos hornos, sino también la vivienda, la vida cotidiana y las profundas transformaciones sociales que acompañaron al crecimiento industrial de La Felguera.