Quebrapates
La Quebrapates hace honor a su nombre. Es una carrera de montaña exigente y con una marcada personalidad, de esas en las que la distancia cuenta solo una parte de la historia. Desde el corazón de Pola de Laviana, el recorrido se interna en los valles y montañas del concejo para completar unos 34 kilómetros y 2.500 metros de desnivel positivo, alcanzando su techo en el macizo de Peña Mea, a más de 1.550 metros de altitud.
La salida se sitúa en la plaza del Ayuntamiento de Laviana. Los primeros kilómetros permiten abandonar progresivamente el entorno urbano y alcanzar Entralgo, antes de comenzar a ganar altura por las laderas que conducen hacia Cerro Montarro, Campa Felguera y Collada Doñango. Es el preludio de la gran ascensión de la jornada.
Desde Doñango, la Quebrapates entra en terreno de auténtica montaña. Las pendientes se endurecen hasta afrontar la subida al Picu Dubil, cumbre de Peña Mea, uno de los grandes miradores naturales del Valle del Nalón y una de las montañas más reconocibles de la Cordillera Cantábrica central. En el recorrido de 2025 la subida presenta sectores especialmente directos y pronunciados, donde caminar con decisión puede ser tan importante como correr.
La cima recompensa el esfuerzo con una espectacular panorámica sobre Laviana y las montañas de su entorno. A partir de aquí comienza uno de los tramos más técnicos del itinerario. La ruta desciende por terreno calizo, roto y de fuerte pendiente, pasando junto a la singular Cueva Iglesiona, también conocida como L’Arcón de la Finistra u Ojo de Buey, una enorme ventana natural abierta en la roca que constituye uno de los hitos paisajísticos más espectaculares de Peña Mea.
El descenso continúa hacia la Collada Pelúgano, perdiendo rápidamente buena parte de la altitud ganada. Es un sector que requiere experiencia y concentración: la propia descripción histórica de la carrera destaca la pendiente, los afloramientos de caliza, los escalones rocosos y el carácter técnico de la senda clásica de Peña Mea.
Pero alcanzar Pelúgano no significa que lo más duro haya terminado. Esa es precisamente una de las trampas de la Quebrapates. El recorrido continúa hacia Tolivia, aproximadamente en el kilómetro 21, y vuelve a introducir al corredor en el paisaje rural de Laviana. Desde aquí comienza una segunda parte de carrera que las crónicas de participantes describen como especialmente castigadora: después de haber coronado Peña Mea, aún quedan importantes ascensos y numerosos kilómetros de terreno quebrado.
A través de caminos, praderías, pequeños núcleos rurales y antiguos senderos de las montañas de las cuencas mineras se alcanza Les Bories, desde donde comienza la subida hacia el Picu La Vara. Con las piernas ya cargadas, esta segunda gran ascensión constituye uno de los momentos decisivos de la ruta.
Alcanzada La Vara, todavía queda recorrer el cordal hacia el Picu La Tazá. La sucesión de pequeñas subidas y bajadas mantiene la exigencia hasta prácticamente el final, pero ofrece a cambio magníficas vistas sobre el valle de Laviana y permite correr por algunas de las montañas que forman parte también del territorio de Senderos del Carbón. El regreso hacia Pola aprovecha sectores rápidos y técnicos de esa red de caminos de montaña.
La Quebrapates reúne así prácticamente todos los ingredientes del trail running asturiano: grandes desniveles, bosques, camperas, roca caliza, crestas, pueblos de montaña, caminos históricos y descensos técnicos, con continuos cambios de terreno que obligan a administrar muy bien el esfuerzo.
No es casualidad que corredores que han participado en ella la describan como una prueba cuya dureza puede asemejarse, por tiempos y esfuerzo, a carreras de mayor distancia.
La Quebrapates es además una carrera profundamente arraigada en Laviana. Sus diferentes ediciones han reunido a centenares de corredores y la prensa comarcal la sitúa entre las pruebas de montaña más emblemáticas del Valle del Nalón. En 2025 volvía a congregar a más de doscientos participantes entre sus diferentes modalidades.
Más allá de la competición, su trazado permite descubrir uno de los grandes escenarios naturales del Valle del Nalón: desde el fondo del valle y los pueblos de Laviana hasta los 1.558 metros de Peña Mea, para regresar encadenando cumbres, bosques y antiguos caminos de las cuencas mineras.
Una ruta para corredores experimentados y con una frase que podría resumirla perfectamente: cuando coronas Peña Mea todavía queda mucha Quebrapates.