Mirador de la Collada de Incós (1.212 m)

Mirador de la Collada de Incós (1.212 m)

Un espectacular balcón de montaña donde Redes se abre hacia el Cordal de Ponga y, en los días despejados, hasta las grandes cumbres de los Picos de Europa

A 1.212 metros de altitud, la Collada de Incós constituye uno de los grandes miradores naturales del Parque Natural y Reserva de la Biosfera de Redes. Tras la larga ascensión desde El Campu, el paisaje cambia de escala y la vista se abre mucho más allá de las montañas de Caso. 

Frente al mirador aparece el poderoso Cordal de Ponga, presidido por algunas de las cumbres más reconocibles de la montaña oriental asturiana: el Tiatordos, de 1.951 metros, Maciédome, Peña Pileñes y Peña Ten. Más cerca se distinguen también el Picu La Senda, Monte Valdanes y otras elevaciones que forman una sucesión casi continua de sierras y colladas. 

Pero la panorámica de Incós guarda todavía una sorpresa mayor. Cuando la atmósfera está limpia, el horizonte alcanza los Picos de Europa, permitiendo distinguir las grandes cumbres del Macizo Central. Entre ellas sobresale Torrecerredo, con 2.649 metros, techo de los Picos de Europa, acompañado por Los Cabrones, Pica del Jierru, Torre de Salinas, Torre del Hoyo de Liordes o Torre Bermeja. 

El paisaje que rodea la collada es también una magnífica expresión de la cultura ganadera de Redes. Pastos de altura, majadas, colladas y masas forestales muestran un territorio modelado durante siglos por el aprovechamiento tradicional de la montaña.

El mirador se encuentra en la cuarta etapa del GR® 311 Montañas del Nalón, entre Campo de Caso y Brañagallones. Desde Incós, el recorrido continúa hacia la cercana Majada de La Gallera, para después ganar altura hacia Visu La Grande, Lago Ubales y Mericueria antes de alcanzar la Vega de Brañagallones. 

Desde este punto se comprende especialmente bien la dimensión geográfica del oriente de la Cordillera Cantábrica: Redes, Ponga y Picos de Europa aparecen unidos en una misma sucesión de montañas, valles y horizontes.

En la Collada de Incós, el camino se detiene por un instante y se convierte en horizonte.