Puerto de Tarna (1494 m)
Glaciarismo / Periglaciarismo
Hace unos 40.000 años, la cabecera del río Nalón presentaba un aspecto muy diferente al actual. Un casquete glaciar situado en la vertiente leonesa del Puerto de Tarna alimentaba lenguas de hielo que descendían hacia el norte aprovechando los antiguos valles fluviales.
El movimiento de aquellos glaciares actuó como un enorme escultor del paisaje. El hielo excavó circos glaciares, ensanchó los valles hasta darles su característico perfil en U y dejó tras de sí morrenas, superficies pulidas y estrías que todavía permiten reconstruir la dirección y extensión de los antiguos glaciares.
Las resistentes cuarzoarenitas de la Formación Barrios favorecieron la conservación de muchas de estas formas. En la cabecera del Alto Nalón pueden reconocerse varias decenas de circos glaciares, algunos de ellos excepcionalmente bien conservados.
Cuando las temperaturas aumentaron y los glaciares comenzaron a retirarse, el paisaje entró en una nueva etapa. Los ciclos de hielo y deshielo generaron glaciares rocosos y canchales, grandes acumulaciones de fragmentos de roca características de ambientes periglaciares.
Hoy, muchos de estos procesos han dejado de estar activos y la vegetación comienza a colonizar antiguas formas ligadas al frío. El Puerto de Tarna permite así realizar un auténtico viaje en el tiempo y comprender cómo el clima y el hielo dieron forma a las montañas donde nace el Nalón.