Las rocas de la Cuenca Carbonífera Central
Estratigrafía / Minería del carbón
El carbón del Valle del Nalón no aparece aislado. Forma parte de una enorme sucesión de rocas sedimentarias que conserva la memoria de un paisaje existente hace más de 300 millones de años.
Durante el Carbonífero, este territorio se encontraba en la costa oriental del gran continente de Pangea, al pie de la cordillera Varisca, que estaba terminando de levantarse. Ríos, deltas, pantanos y episodios de invasión marina fueron depositando sucesivamente materiales muy diferentes.
Las lutitas, de grano extremadamente fino y colores generalmente oscuros por su contenido en materia orgánica, se formaron en aguas tranquilas y constituyen las rocas más abundantes de la Cuenca Carbonífera Central.
Las areniscas, más gruesas y resistentes, se depositaron principalmente en antiguos canales fluviales y deltas. Su mayor dureza hace que hoy destaquen en el paisaje formando crestas y resaltes.
Y aparecen también los conglomerados, formados por cantos rodados cementados y depositados por corrientes de mayor energía. Los mineros los conocían popularmente como “pudingas”, por su parecido con un pudding.
Pero aquellas rocas tenían además una utilidad práctica extraordinaria. Bajo tierra, reconocer una pudinga o una determinada capa de arenisca permitía al minero saber dónde se encontraba dentro de una sucesión repetitiva y utilizarla como estrato guía para localizar las capas de carbón.
Geología y minería se daban así la mano: para extraer el carbón era necesario aprender primero a leer las rocas.