Fuente y Balneario de Lada

Fuente y Balneario de Lada

Un antiguo manantial de aguas salutíferas que convirtió Lada, a comienzos del siglo XX, en lugar de recreo y encuentro de la sociedad asturiana

Ya a mediados del siglo XIX la prensa asturiana destacaba las virtudes de las aguas de Lada, afirmando que pocos lugares del interior ofrecían mejores condiciones para el recreo. Entre los numerosos manantiales de aguas consideradas beneficiosas para la salud que existieron en Langreo sobresalía la Fuente de Lada, conocida popularmente como la Fonte’l Güevu.

Junto a este manantial se estableció a finales del siglo XIX el prestigioso Balneario de Lada, también conocido como Balneario de Ablanedo, nombre relacionado con los ablanos —avellanos— que crecían en esta ribera del río Montes, en el espacio que actualmente ocupa el parque.

Uno de sus grandes impulsores fue Antonio María Dorado, alcalde de Langreo desde 1890, que promovió decididamente su construcción y acondicionamiento. El municipio realizó una importante inversión para embellecer la fuente y convertir este enclave de aguas salutíferas en un espacio de referencia para el ocio y el descanso.

Durante la primera década del siglo XX, el Balneario de Lada vivió sus años de mayor esplendor. Por aquí pasaron nombres destacados de la sociedad asturiana de la época, como miembros de las familias Adaro, Herrero, Conde Sizzo o Arias, además de artistas y escritores como Nicanor Piñole o Armando Palacio Valdés, entre otras personalidades cuya presencia recogían las crónicas sociales de los periódicos.

Las estancias en Lada eran también una oportunidad para descubrir el Langreo de aquellos años. Banquetes, fiestas y conciertos se combinaban con excursiones por Sama, La Felguera y Ciañu, desde las que los visitantes podían contemplar tanto el paisaje como las grandes transformaciones provocadas por el desarrollo industrial.

Tras la muerte de Antonio María Dorado en 1910, el balneario fue perdiendo progresivamente protagonismo. Las convulsas décadas posteriores condujeron a su decadencia y finalmente a su desaparición en los años treinta, en un periodo marcado por la Revolución de Octubre de 1934 y la Guerra Civil.

Hoy permanece la Fuente de Lada como testimonio de aquel tiempo. Un pequeño venero que conserva la memoria de cuando este rincón de Langreo fue sinónimo de salud, descanso y vida social, y que nos permite asomarnos a un capítulo sorprendente y casi olvidado del valle.

Aquí, donde el agua sigue brotando, todavía parece resonar el eco del elegante Langreo de otros tiempos.